viernes, 4 de mayo de 2012

EL MUNDO DENTRO DE VICENTE GALLEGO.


“Mundo dentro del claro”
Vicente Gallego
Editorial Tusquets (Nuevos textos sagrados)
Barcelona 2012
109 páginas
Publicado en el número 741 de "Cuadernos Hispanoamericanos"

La búsqueda de los elementos de la realidad que construyen un poema, su material naturaleza, ha dado en Vicente Gallego un largo recorrido de calidad que ha ido completando su mundo, que lo ha puesto a la altura de la mejor poesía escrita en castellano de los últimos años, ofreciendo al lector diferentes etapas, conclusiones diferentes, para trazar un recorrido sólido para el paso de quien transita su obra.
Después de sus primeros libros, entre los que cabe destacar, por lo que supuso para la incursión de la poesía hecha en Valencia en el panorama literario de nuestro país, “La luz, de otra manera” publicado en 1988, Gallego ha puesto de manifiesto esa necesidad de exploración sin la cual queda lejos el hallazgo, sin la que la obra puede perecer en un mar desde el que cualquier singladura puede resultar un mero cabotaje, para ir trasmitiendo una necesidad de comunicación ante el gran descubrimiento.
Pero no un descubrimiento particular, poco comunicable, sino un conocimiento que desciende hasta el lector como una entrega de luz nítida y armónica que ilumina su lectura.
Libros como “Santa deriva” (2002) o el fabuloso experimento de traslación de las inquietudes del poeta al lenguaje del renacimiento y el barroco desbordados en “Cantar de ciego” (2005), o “Si temierais morir” ((2008) están proponiendo hitos que ponen de manifiesto la solidez de interpretación del mundo que rodea a Gallego como ya dije más arriba, un mundo que parte, en la mayoría de ocasiones, de un caudal sensitivo, particular y único, para hacerlo poesía compartida.
Este quizá sea uno de los resortes de la obra del poeta valenciano. De un lado, la necesidad de comunicación de las sensaciones, su dificultad en la expresión escrita, nos hace acudir a un lenguaje particular que se adueña de la adjetivación, de un viaje al fondo del concepto, como ha manifestado en ocasiones, para trascender al mundo de los sentidos. De otro, la facilidad con la que esos mismos asuntos van trazando líneas de recorrido universal en las que reconocemos buena parte de nuestro destino. Porque esa universalidad es, a la vez, individual y colectiva, y, por tanto, bien reconocible.
“Mundo dentro del claro”, libro de reciente aparición, no es menos que las últimas entregas de Vicente Gallego; y, por no ser menos, también es un paso más hacia la cima que se empeña en buscar el poeta. Su particular interés por una cierta metafísica, ya descubierto en “Si temierais morir”, empuja cada resorte hacia territorios que trascienden del hecho observado, hacia un vacío que se experimenta como una sensación única de gozo desde la que hacer descansar las cosas del mundo.
Este nuevo acicate nos hace ver de qué manera la poesía de Gallego ha roto en una dirección más particularmente animista, descargándose de la idea fundamentada en  el paso del tiempo para recalar en el tiempo único, por decirlo de algún modo, abriendo el libro con versos como “En el alma vacía, qué lozanos/ se dibujan los cielos, cómo crecen/ las flores inmortales, los trabajos/ del hombre, qué livianos/ los afectos brindados sin doblez. Una declaración de intenciones que en el libro va justificando su escritura.
“Mundo dentro del claro” está plagado de asertos que viene a definir las preocupaciones del poeta, el misticismo que lo acompaña desde hace algún tiempo: El hombre trascendido de su estructura, afirmado en el vacío, puro y eterno ante los sentidos. Ejemplos a esta tesis pueden ser poemas tales como “Quien la encuentre” donde una rama de hinojo puede ser el alimento necesario para esa trascendencia; o el  excelente “Paseo en qué lugar” donde el último verso: “y cuanto más me abismo, más me asomo” nos da una de las claves que van a sostener la lectura final del libro.
Pero no piense nadie que, ante este particular interés de Vicente Gallego, se ha olvidado de los temas que viene marcando su poesía: el amor, la amistad o la naturaleza, acompañados por una adscripción cercana a la poesía del Siglo de Oro. Temas que constituyen el sostén necesario para poder, a mi juicio, trazar el recorrido de este nuevo libro sin desprenderse de una compañía conocida que hace, por compartido, más amable su desarrollo, menos escarpado. En este sentido, encontramos poemas como el titulado “Miguel Ángel Velasco, vivo en mi corazón” en el que la recreación del amigo desaparecido está proponiendo, con la gratitud que otorga la amistad y el cariño compartido, un manifiesto bellísimo de la comprensión y el amor, rematado por versos como “mi almirante/ montado en el relámpago/ de la humana pasión, firme en la altura.”

En cualquier caso, “Mundo dentro del claro” está proponiendo, trufado de un lenguaje pleno de significado, la fuerza y la inteligencia de uno de nuestros poetas más representativo, el espíritu de conquista que la poesía del valenciano va fomentando en cada una de sus entregas, el poso que ha dejado ya un compromiso verdadero con la comunicación que es, en su propia dimensión, el vehículo para llevar lejos la idea madre de buena parte de este libro.
Una idea madre que surge del estudio y la aproximación a esa conciencia viva que sostiene en un ensayo de pronta aparición titulado “ Para ofrecer la rosa” y que es, en su conjunto, una defensa apasionada sobre la naturaleza no dual de la realidad, una verdadera aproximación a la particular teología que sostiene sus más recientes preocupaciones.

Los lectores que han acudido a la poesía de Vicente Gallego en su ya dilatada carrera, descubrirán, sin lugar a duda, los planteamientos que la han hecho madura, la fuerza que la ha conquistado, el compromiso que la ha mantenido y empujado, pero también un nuevo espacio donde seguir la senda de verdad que nos propone. “Así has llegado a ser, dura en tu luz,/ fuego al fin sin cenizas, sin motivos/ desnuda y seca, seca/ como la misma muerte,/ como la muerte entera, mi alegría.”, para llamar al mundo por su nombre.  

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